Nire Cromlech-etik Zumaiako hondartzan ikusi nuena.
Decía el Maldito y Maravilloso Jorge Oteiza que de pequeño aprovechaba los agujeros que hacían los carros que llevaban arena a la playa para meterse dentro, protegerse y desde allí, desde espacio mágico su encuentro con el cielo enmarcado era una experiencia mística en la que su cabeza se encontraba con Dios. Mi Cromlech no es un sitio tan sagrado, ¿O sí?
Desde hace unos años y por una serie de medicamentos que tomé, tengo fotosensibilidad y aunque la playa me encanta, me protejo del sol como de un maléfico enemigo que me produce prurito y sarpullidos. Para que la familia no sufriese este percance, compramos una tienda de campaña de esas del Decatlón, muy baratas, prácticas y fáciles de llevar. Ahí no tengo ningún encuentro extra corporal con El Barbas pero estoy como Dios, aunque sigo protegiéndome y llevo camiseta todo el tiempo. Lo que más me jode es que cuando vamos a las playas de nudistas, yo parezco el "Rarito" o "El Jetas" que ha ido a ver en exclusiva culos y tetas.
Mientras tanto algo hay que hacer y se me ha ocurrido empezar un ensayo titulado "Nire Cromlech-tik" o "Desde mi Cromlech" donde pienso sacar todo lo que veo desde mi habitáculo salvador. Y como esto se va haciendo despacito y como los pobres tenemos pocas vacaciones lo terminaré en los próximos 15 o 20 años, suponiendo que la tierra no se destruya o que quede algo de lo que hoy llamamos mar. Hoy estoy especialmente positivo.